Construido en 1781 este edificio sustituye el original que se ubicaba en el interior de la Fortaleza de la Mota y que se encontraba en un estado ruinoso. Para edificarlo, anexaron varias casas que se unificaron finalmente con una fachada .
Este nuevo edificio cambiaría de usos a lo largo de los años, siendo Palacio Abacial hasta 1851. Más tarde en 1927 pasó a ser propiedad municipal siendo sede de las escuelas, o lugar de alguna celebración (como mi madre, que aún recuerda haber celebrado la comunión de forma íntima, con otros compañeros como se hacía en aquellos tiempos, en estas dependencias) además de otros usos.
En su largo viaje, ha acabado siendo sede de diferentes grupos. Por un lado, en su planta superior, están las instancias del conservatorio Pep Ventura. Una planta por debajo, está el citado museo arqueológico, con una serie de elementos descubiertos a lo largo del municipio y que nos enseñan el paso de diferentes pueblos por estas tierras. Desde hallazgos de la prehistoria, hasta el periodo musulmán, pasando por los romanos. Y finalmente, la planta baja. En ella encontraréis una sala de exposiciones que cambian con el tiempo, y una sala de la harina.
Y ¿por qué merece la pena una visita a este museo?
Primero, porque con la misma entrada de la Fortaleza de la Mota se puede entrar en él y descubrir un poco más sobre la historia del municipio.
Segundo porque es interesante como un pueblo va creciendo poco a poco, de unos habitantes discretos, con sus rituales y creencias, a un lugar en disputa por su calidad logística.
Y tercero, porque del periodo musulmán se conserva el tesorillo árabe, encontrado en Ermita Nueva (Alcalá la Real) y que bien merece la pena un vistazo a esta obra de artesanía.
¿Te apetece descubrirlo?
